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viernes, 8 de marzo de 2024

“Lecciones”. IAN MCEWAN. Anagrama, 2023

 

  Esta es una novela plena, ya que en ella McEwan se ocupa de todos los aspectos que puedan influir y rodear a una persona. En este caso a Roland.

  En ella encontramos el dilema, una de las señas de identidad de McEwan.  Cómo abordan los distintos personajes los innumerables dilemas que la vida les va ofreciendo, y las consecuencias de la toma de decisiones o la de la falta de ella.

  Con ella disfrutamos de las referencias musicales o literarias que constantemente salpican este relato magistral.

  Por ella desfilan (sin rehuir su visión) todos los acontecimientos destacados desde mediados del siglo pasado hasta llegar a nuestros días: Guerra Fría, crisis de los misiles de Cuba, Brexit, pandemia del Covid…

  Lecciones son las que toma Roland al piano y que marcan su vida, Lecciones son los distintos acontecimientos en la vida de Roland que van conformando su personalidad en la etapa final. Acompañar este relato ha sido un auténtico placer. Solo por leer lo que envuelve al personaje de Daphne justificaría su extensa lectura.

“Jane Farmer nunca se había encontrado con un amante tan generoso, tan “extravagantemente atento con el placer de una mujer”; todo  un contraste con los ingleses que había conocido hasta el momento con su “desabrido mete y saca”. 106

“En la escuela llevaba la vida mental de un perro encadenado a un presente constante” 146

“Aguantaban la misa obligatoria los domingos por  la tarde sumidos en el desprecio por los curas de visita y su manera de engatusarlos y  elevar súplicas a un dios inexistente. Era una cuestión de honor no pronunciar las respuestas ni cerrar los ojos, inclinar la cabeza ni decir amén o entonar los himnos, aunque se ponían en pie para abrir el himnario por una página cualquiera, debido a un sentimiento residual de cortesía” 158

“Un paso en falso por parte de los padres, un instante de crítica imprudente y los niños podrían encontrarse el camino vedado a la universidad  o a una carrera decente” 213

“Tú me enseñaste que un hijo es como quedar en segundo lugar. Ni siquiera segundo. Pero hablamos incluso de tener otro porque un hijo único es lo más triste del mundo” 268

“Cuando conocía a religiosos Roland se sentía obligado a protegerlos de su falta de fe, tan absoluta que hasta el ateísmo le aburría-Siempre se mostraba amigable de un modo exagerado con el párroco de la zona cuando se encontraba por la calle” 456

“Siete años después todo llevaba de regreso a Daphne. ¿Cuál de los dos quedaría en posesión de su memoria?” 488

“Hasta mediados del siglo XX la amigdalectomía infantil se practicaba en masa, pese a las palabras en sentido contrario. Algún día darían su brazo a torcer con respecto al derecho de una persona racional a escoger la muerte en lugar del dolor insoportable e imposible de paliar.” 508

“Fantasías diversas de venganza le ayudaron por el camino, pero sabía que no habría nada” 515

“La derecha liberal del partido conservador, muchos de ellos acérrimos eurófobos, se referían en privado al Ministro de Sanidad y sus asesores como “La Gestapo” por su fe en los confinamientos obligatorios” 544

jueves, 4 de julio de 2019

"Expiación". IAN MCEWAN. Anagrama, 2007


  A la ya conocida sintonía que tenemos con la prosa de McEwan, con descripciones efectictas;  el juego de narradores y un dominio del tiempo de la trama, histórico y social; se unen un análisis de personajes que encierran una complejidad psicológica y un marco sociocultural y político de una gran altura.
   Esta es una novela que nos suscitará innumerables reflexiones acerca de las pasiones, relaciones de pareja, clases sociales, la adolescencia, las traiciones, las mentiras, la relatividad del valor de la vida misma, el poder de la ficción … Y planeando sobre todas ellas, la culpa.   ¿Podemos expiar la culpa? Un tema que ya trató Dowstoyeski en su Crimen y castigo, pero al que McEwan introduce en un ambiente y lugar muy distintos. El párrafo “El problema a lo largo de estos 59 años ha sido el siguiente: (…)Pág. 434” es realmente sublime.
   Es de ese tipo de novelas que encierran algo inolvidable por ser única en el tratamiento que el autor lleva a cabo. Difícilmente se nos olvidará un personaje como Briony, porque McEwan le proporciona un perfil tal que te conducen a la condolencia.
   Por cierto, los que lo hayan leído deben ver la película: no se arrepentirán. Y los que hayan visto la película no se arrepentirán de leer esta extraordinaria novela. Podrán comprobar que se trata de dos lenguajes muy distintos.

   “Aquello era la pauta de los últimos días, el uno o el otro estaba siempre equivocado y procuraba retirar el último comentario. No había soltura, no había estabilidad en el curso de sus conversaciones, ninguna ocasión de serenidad. Por el contrario, todo eran púas, trampas torpes giros que a ella le inducían a sentir tanto desagrado por sí misma como el que le inspiraba él, aunque no dudaba de que la culpa era sobre todo de Robbie” Pág. 41
   “No era solo la maldad y las intrigas las que hacían infeliz a la gente, sino la confusión y la incomprensión; ante todo, era la incapacidad de comprender la sencilla verdad de que las demás personas son tan reales como uno. Y Solo en un relato se podría penetrar en esas mentes distintas y mostrar que valían lo mismo.” Pág. 55
   “Y eran chicos y, por tanto, fundamentalmente poco comunicativos, sin don para la intimidad” Pág. 88
   “El precio de abismarse en ensueños era siempre el regreso, la readaptación a lo que había antes y que después parecía un poco peor. La ensoñación, antes rica en detalles inverosímiles, ahora era una tontería pasajera ante la masa compacta de la realidad” Pág. 96
   “La edad y el cansancio le devolverían a Jack (el marido de Emily) y no se dirían nada, ni sería menester decirlo. Y allí estaba el espectro de su infancia difuminado por todo el salón, para recordarle el arco limitado de su existencia. Qué pronto terminaba el plazo. Ni compacto ni vacío, sino precipitado. Implacable.” Pág. 181
   “Los cuentos de hadas quedaban atrás, y en el lapso de unas pocas horas había presenciado misterios, visto una palabra impronunciable, interrumpido una conducta brutal y, al incurrir en el odio de un adulto en quien todos habían confiado, había participado en el drama de la vida más allá del cuarto de jugar.” Pág. 191
   “Era  como una novia que empieza a sentir sus reparos enfermizos a medida que el día se acerca, y  que no se atreve a confesarlos porque ya se han hecho muchos preparativos por su causa. Se pondrían en peligro la dicha y el bienestar de muchas buenas personas. Son instantes pasajeros de desazón personal que solo se disipan cuando una se abandona a la alegría y la agitación de quienes la rodean. Tanta gente decente no puede estar equivocada, y le habían dicho que las dudas como la suya eran de esperar” (Briony en su declaración) Pág. 203
   “Se tocó el bolsillo superior, donde tenía envuelto el poema que ella le había enviado en su carta: “En la pesadilla de la oscuridad, todos los perros de Europa ladran”  (…) el trato amistoso de la chica que le atendió, la espaciosa ausencia de amenaza; se recostó y disfrutó de la envolvente vida cotidiana. Solo él podría apreciar su belleza” Pág. 240
  “A medida que se congregaba más gente alrededor del corro, desaparecía el sentimiento remanente de responsabilidad individual. Una temeridad fanfarrona se iba instaurando. Sonó una oración cuando alguien apagó un cigarrillo en la cabeza del tipo. (…) Tarner supuso que no podía hacer nada para ayudar a aquel hombre sin arriesgarse a que le lincharan. Pero era imposible no hacer nada.” Pág. 295
   “Contaban que normalmente con ocasión de tan importantes visitas la nariz de cada paciente tenía que estar paralela al pliegue central de la sábana encimera” Pág. 320
   “Soy  demasiado vieja, estoy demasiado asustada y demasiado enamorada del jirón de vida que me queda” Pág. 434
  “El problema a lo largo de estos 59 años ha sido el siguiente: ¿Cómo puede una novelista alcanzar la expiación cuando con su poder absoluto de decidir desenlaces, (...) Pág. 434-435

viernes, 11 de enero de 2019

"La Ley del menor" IAN MCEWAN. Anagrama, 2016

   
 No es la primera novela de Mc Ewan que merecería estar en esta selección que vamos poco a poco engrosando; pero sí la que más nos ha impactado, porque toca todos los elementos que podemos encontrar en una narración. Con ese estilo tan directo y sobrio pero preciso a la hora de plantear la trama y envolvernos en su narrativa plagada de diálogos y razonamientos de interés intelectual.
  En este libro de apenas doscientas páginas Mc Ewan tiene espacio y tiempo (pausado, por cierto) para platearnos situaciones personales, entrelazadas con dilemas morales interculturales de gran actualidad y que hacen tambalear los esquemas mentales del lector.
   La novela trata de la toma de decisiones; leerla no puede dejar a nadie indiferente, ni durante su lectura ni al final de la misma. Es una buena decisión.

“La bondad, como demostraba a diario el Tribunal de Familia, era el ingrediente humano esencial” Pág. 16

“¿No dijiste una vez que los matrimonios que llevan muchos años casados aspiran a ser como hermanos? Hemos llegado a ese punto, Fiona. Me he convertido en tu hermano. Es agradable y bonito y te quiero, pero antes de caerme muerto quiero vivir una gran relación apasionada” Pág. 15

“La afrenta especial que los años reservaban a algunas mujeres cuando las comisuras de su boca iniciaba el descenso hacia una expresión de reproche constante” Pág. 31

“Ser objeto de la compasión general era también una forma de muerte social” 
Pág. 64

“Cada cosa que pensaba ahora sobre la situación ya la había pensado varias veces antes, y sin embargo la rumiaba de nuevo. Una ocurrencia mental de la que solo el sueño medicamente inducido podía rescatarla. El sueño o aquella excursión poco ortodoxa” 
Pág. 96

“Pero justo entonces la mente se le quedó en blanco (…) Fiona confió en que descubriría lo que pensaba si empezaba a hablar. Era como cuando estaba en clase. Entonces casi siempre daba resultado.”
 Pág 113

La profunda tristeza, quizá el pesar amargo, los recuerdos tiernos, y después la vida seguiría su curso y las tres cosas significarían cada vez menos, a medida que los que la amaban iban envejeciendo y muriendo, hasta que ya no representasen nada en absoluto”.
 Pág. 114

“He tenido muy presente la edad de A, el respeto que debemos a su fe, y la dignidad del individuo que reclame su derecho a rechazar un tratamiento. A mi juicio, su vida es más precisa que su dignidad”. 
Pág. 124

“Los dos conocían la vitalidad de lo que no se dice y cuyos espíritus invisibles bailaban ahora alrededor de ellos”. 
Pág. 128

“La autopsia al final de una velada era uno de los rasgos de su vida conyugal” 
Pág. 203